La virgen de Celada
Referencia folcl贸rica
En la tradici贸n oral de La Robla (Le贸n), la Virgen de Celada es la advocaci贸n local de la Virgen de las Nieves, venerada en la ermita del mismo nombre. Seg煤n la leyenda, durante una batalla entre tropas cristianas y musulmanas, en pleno verano, se produjo una nevada milagrosa que desmoraliz贸 al enemigo y permiti贸 la victoria cristiana. Como agradecimiento, se construy贸 la ermita en el lugar del prodigio, convirti茅ndose en s铆mbolo de protecci贸n y gratitud.
Hoy en d铆a, la romer铆a se celebra el lunes posterior al Corpus Christi, con misa, procesi贸n y ofrendas florales. Su organizaci贸n y mantenimiento son fruto del esfuerzo conjunto de la Asociaci贸n Cultural Ra铆ces Roblanas, la parroquia, el Ayuntamiento de La Robla y la Junta Vecinal, que colaboran para conservar esta tradici贸n viva. La Asociaci贸n, en particular, se encarga de dinamizar las actividades culturales y las ofrendas, manteniendo el esp铆ritu participativo y comunitario que da sentido a esta cita anual tan arraigada.
Adaptaci贸n literaria
En aquel tiempo, las tropas musulmanas y cristianas se miraban con odio desde cada loma. El ej茅rcito invasor lleg贸 a La Robla en retirada, exhausto tras las derrotas del norte donde dec铆an que Pelayo y sus hombres hab铆an encendido el fuego de la resistencia. Cruzaban montes 谩speros y caminos de piedra que parec铆an querer detenerlos. Los defensores eran gente de Le贸n, que apenas se sosten铆an con la fe y la memoria de sus muertos, rezando con voces roncas a la Virgen.
Y fue entonces cuando ocurri贸. Sin nubes ni aviso, la nieve empez贸 a caer. En pleno verano, sobre prados amarillentos, sobre robles, casta帽os y senderos polvorientos. Nieva en verano, dec铆an boquiabiertos. Nieva cuando m谩s se necesita.
El fr铆o inesperado desorden贸 al ej茅rcito invasor. Hombres que jam谩s hab铆an visto copos temblaban y se envolv铆an en mantos in煤tiles. Cundi贸 el miedo. Dicen que los caballos se encabritaban y que las 贸rdenes se perd铆an en el viento. Fue un caos helado, un susurro de misericordia.
Los cristianos, sobrecogidos, cayeron de rodillas. Rezaron dando gracias a la Virgen de las Nieves, convencidos de que hab铆a extendido su manto blanco para protegerlos. Cuando la nieve se detuvo y volvi贸 el silencio, el enemigo se hab铆a marchado.
En aquel lugar del milagro, levantaron una ermita sencilla pero firme. Sin lujos, pero con fe s贸lida. Desde entonces la llaman Virgen de Celada, en recuerdo de la emboscada que el milagro deshizo antes de que la sangre manchara la tierra.
Hoy la ermita sigue en pie, humilde como promesa cumplida. Cada lunes despu茅s del Corpus Christi, el pueblo sube en romer铆a: mujeres y hombres que caminan despacio, madres con flores frescas, ni帽os que corretean sin entender del todo, y quienes, aunque digan no creer, se suman con su ofrenda sencilla.
Y cuentan que cuando el cura levanta el c谩liz, a veces sopla un viento fresco que recorre las nucas, aunque el sol pique como fuego. Dicen que es el viento del monte celebrando en silencio la victoria, recordando que el milagro est谩 presente y que a煤n se siente en el aire.

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